El 8 de septiembre de 2026, OpenAI anunció que un modelo interno de inteligencia artificial resolvió la versión forzada del problema de existencia y suavidad de las ecuaciones de Navier-Stokes. El anuncio, acompañado de una demostración de 165 páginas con verificación formal en Lean, desató en pocas horas una controversia académica sobre el uso de datos y la autoría del hallazgo. La empresa calificó el resultado como un hito para la investigación en inteligencia artificial.

¿Qué es el problema de Navier-Stokes?

Las ecuaciones de Navier-Stokes describen el movimiento de fluidos como el agua, el aire o la sangre. Se emplean en aeronáutica, meteorología y estudios de circulación sanguínea, entre muchas otras áreas.

La pregunta central del Milenio es si un fluido que parte con energía finita puede desarrollar una singularidad, es decir, una velocidad que crece hasta el infinito en tiempo finito. OpenAI sostiene que su modelo demostró que esa situación es posible.

El anuncio y su alcance

La empresa desplegó cerca de diez mil agentes de inteligencia artificial durante ochenta y ocho horas. El sistema consumió ciento treinta mil millones de tokens solo en este problema y completó la verificación formal en Lean en diecisiete horas adicionales. El modelo utilizado aún no ha sido lanzado al público y, según OpenAI, es significativamente más capaz que GPT-6 Astra.

A pesar del alcance técnico, el Instituto Clay de Matemáticas mantiene el problema como abierto. Su reglamento exige publicación en un medio calificado, un periodo mínimo de dos años y la aceptación expresa de la comunidad matemática internacional.

La denuncia de Buckmaster

Horas antes del anuncio, Tristan Buckmaster, profesor de matemáticas en la Universidad de Nueva York, declaró que él y Levent Alpöge, investigador de Anthropic, llevaban casi un año trabajando en el mismo problema con Codex, herramienta de OpenAI.

Buckmaster denunció que el 3 de septiembre descubrió que la información sobre su progreso se había transmitido a OpenAI. Añadió que la empresa le propuso publicar el resultado en solitario, excluyendo a Alpöge de la autoría.

La respuesta de OpenAI

OpenAI negó haber accedido a datos específicos de los investigadores antes de la publicación. En el mismo comunicado reconoció que no puede descartar que datos anonimizados derivados del uso de sus productos hayan contribuido a mejorar sus modelos.

La empresa calificó el trabajo de Buckmaster y Alpöge como extraordinario y afirmó que su enfoque fue significativamente distinto. Un portavoz añadió que las acusaciones de presión son categóricamente falsas.

Un precedente para la investigación

La controversia trasciende el caso concreto. Plantea quién es dueño de las ideas que un investigador desarrolla mientras emplea herramientas de inteligencia artificial como apoyo.

El caso también sienta un precedente sobre el uso de datos anonimizados en el entrenamiento de modelos y sobre la transparencia que las empresas de inteligencia artificial deben ofrecer a la comunidad académica.

¿Qué falta por verificar?

El Instituto Clay no ha validado la prueba. La revisión comunitaria puede tardar años y solo entonces se reconocerá si la solución es correcta.

OpenAI declaró que no reclamará el premio de un millón de dólares. La controversia sobre el uso de datos y la autoría continúa sin resolución independiente.